Battlestar Galactica es una serie maravillosa, y con esta tercera temporada se eleva a su máximo estatus. 53 episodios más el piloto y ni un ápice de desgaste, más bien todo lo contrario: cada vez está más interesante, los personajes y la trama evolucionan con total fluidez, sin prisa pero sin pausa, de la misma forma que el tono se vuelve más y más oscuro sin que uno se de cuenta, a medida que nos acercamos al final del viaje, a la Tierra, que ya se perfila en el horizonte. Porque Galactica es una serie dura, y eso queda claro en el piloto, pocas veces se había tratado una space opera de una forma tan realista, desde el claustrofóbico diseño de la nave y su ambiente hasta los planetas y los personajes envueltos en ese aire militar. Y si era dura al principio, ahora lo es más, el desgaste se ha apoderado tanto de las personas como de las naves de la flota (podemos ver el estado del casco de la nave, totalmente dañado) que han vivido muchas cosas después de dos años de viaje. Esta es la temporada de la instrospección, de la exploración de la psicología de los personajes, que se encuentran más que nunca perdidos, llenos de miedo y de resentimiento. Así pues, durante la segunda parte de la temporada los cylones apenas aparecen, ni falta que hace, pues los personajes y el clima de la flota están más interesantes que nunca. Pero vayamos por partes.
BATTLESTAR GALACTICA

The Cylons were created by Man.
They were created to make life easier on the Twelve Colonies.
And then the day came when the Cylons decided to kill their masters.
After a long and bloody struggle, an armistice was declared.
The Cylons left for another world to call their own.
A remote space station was built...
...where Cylon and Human could meet and maintain diplomatic relations.
Every year, the Colonials send an officer.
The Cylons send no one.
No one has seen or heard from the Cylons in over forty years.
Con estas palabras se inicia el espectacular piloto de la serie (remake de la Battlestar Galactica del 78, con la que poco tiene que ver a parte de los planteamientos básicos) donde, efectivamente, los cylones reaparecen, ésta vez tomando algunos de ellos una forma idéntica a la humana (aunque son todos clones de unos pocos modelos) destruyendo todos los planetas habitados por la civilización. Una pequeña flota de unas 50.000 personas sobrevive, lideradas por la única nave militar restante, la Battlestar Galactica y su comandante William Adama, así como por la ex secretaria de educación Laura Roslin, quien debe asumir las tareas de la presidencia de las doce colonias al haber muerto todas las personas que optaban al puesto antes que ella. La misión de la flota será encontrar seguridad en un planeta legendario, nombrado en las Escrituras, en el cual una treceava colonia se aisló de las demás formando su propia civilización. Ese planeta es ni más ni menos que nuestra Tierra.
La serie, además de la búsqueda de la Tierra y la lucha contra los cylones, tiene otro de sus ejes argumentales en los personajes. Desde la presidenta y el comandante, hasta los pilotos, los mecánicos, los personajes del puente de comando, el plantel de personajes principales y secundarios es extenso, y cada personaje recibe el tiempo que se merece. Quizás cabría destacar dos personajes, cuya relación es uno de los puntos claves de la serie: el científico Gaius Baltar, engreído, cobarde y escurridizo, quien se encuentra en una encrucijada al haber mantenido una relación de varios años en Caprica (la capital de las Doce Colonias) con una mujer a la que dio acceso a los códigos de defensa de las Colonias, y que resultó ser un cylon. Pero lo realmente interesante está en que, a pesar de no estar presente en la flota, la mujer se le aparecerá constantemente en su mente, forzándole a mantener conversaciones acerca de Dios, la naturaleza de los cylones así como la suya propia.
Galactica es, pues, una de las series más interesantes de entre todas las que pululan por ahí, no sólo por la maestría con que se desenvolupan el argumento y sus personajes, la lucha contra los cylones y las aventuras, o los dilemas sobre qué miembros de la flota son en realidad cylones, sino también por las reflexiones éticas y filosóficas que surgen en cada capítulo y que nos atañen directamente: desde el problema de la inteligencia y la técnica, o la confluencia de culturas, hasta la guerra, la política y el sistema legal, la fe y la razón, o el amor y la naturaleza humana.
LA TERCERA TEMPORADA
Después del espectacular giro argumental del final de la segunda temporada, donde gran parte de la flota decide asentarse en New Caprica (un planeta muy escondido que dificilmente puede ser encontrado por los cylones) tras la victoria de Gaius Baltar en las elecciones (hechos que que dieron a la serie el aire fresco que necesitaba), empezamos la tercera temporada con una de las tramas más extrañas de la serie, quizá por estar ambientada durante cuatro capítulos casi íntegramente en un planeta y no en las diversas naves de la flota: la resistencia contra los cylones en New Caprica y el retorno de los pocos que no quisieron asentarse en el planeta, con tal de rescatar al resto de la flota.
Los cylons, una vez descubierto el planeta tratarán de convivir de alguna manera con los humanos, haciendo de Baltar un títere y creando un cuerpo policial humano. Esta parte de la trama nos deja, pues, grandes escenas de acción y la posibilidad de ver a los personajes en situaciones poco usuales, como Tigh, Galen y Sam reuniéndose clandestinamente como miebros de la resistencia, Gaeta como ayudante de Baltar, o a un desmejorado Lee desolado en la Galactica. La estancia en New Caprica resulta clave para el argumento y las relaciones entre personajes, pues el bando elegido por cada personaje aquí tendrá repercusiones a lo largo de toda la temporada una vez la flota vuelve a ponerse en marcha, con la tensión entre los ex miembros de la resistencia con aquellos que colaboraron con el gobierno cylon, culminando en el juicio de Baltar de la season finale.
En la segunda parte de la temporada, que va desde el capítulo 6 hasta el 12, asistiremos a nuevas aventuras de la tripulación y a los primeros capítulos dedicados a una extensa exploración de los personajes, como Unfinished Business, donde se hilvanan sorprendentes recuerdos de las vidas que los personajes llevaron en New Caprica a partir de los combates de boxeo que se organizan entre los tripulantes de la Galactica con tal de reducir el estrés. Pero quizá lo más interesante de estos episodios es cuando asistimos al día a día dentro de una nave cylon, a través de los ojos de Gaius Baltar: vemos que no hay tanta diferencia en el ambiente, que las vidas de los cylones también están dominadas por el miedo y, sobre todo, la incertidumbre. Las escenas con el hibrido cylon de la nave, y la relación establecida entre Caprica Six, Baltar y Dianna, así como la búsqueda de ésta de aquello que hay entre la vida y la muerte, son de lo más interesante de la temporada.
Ésta parte de la temporada, así como la primera mitad, termina en un doble episodio cuando tanto humanos como cylones encuentran el Ojo de Júpiter, que supuestamente indica el camino a la Tierra, y se enfrentan por el en un planeta con una estrella a punto de convertirse en supernova.
Los últimos ocho episodios de la temporada conforman la última parte, basada en la exploración de personajes y algunas tramas autoconclusivas que, la verdad, aportan poco al argumento y son bastante anticlimáticas. Aún así, y a pesar de un ligero desgaste en los últimos capítulos que pide a gritos un giro argumental que vuelva a poner las cosas en marcha (y que llega de forma espectacular en los últimos veinte minutos de la temporada), se encuentran aquí algunos de los mejores capítulos de la serie. Por ejemplo, en Taking a break from all your worries Baltar (un Baltar más demacrado que nunca) es interrogado con drogas sobre su estancia con los cylones y su relación con ellos desde el día de la invasión de las Doce Colonias, en una de las escenas más duras de la serie, ahondando en lo más profundo de un personaje tan complejo como Gaius Baltar. La relación de Starbuck con su madre, que tanto contribuyó a formar su personalidad, así como con el cylon Leoben, y el supuesto "destino especial" de la mejor piloto de la flota se exploran en Maelstrom, uno de los mejores episodios en los que no aparece un sólo cylon. Las alucinaciones y los juegos con la mente de los personajes, cada vez más deteriorados, juegan un papel importante en estos capítulos, que culmina con una season finale muy poco espectacular hasta las dos escenas finales, que abren nuevas perspectivas y cierran la mejor de las tres primeras temporadas de la serie con un broche de oro.